Mentiras con sonrisas

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Hay días que te levantas mejor que otros… el sol luce más fuerte, el café del desayuno no estaba quemado y sabía bien, o un amigo se ha acordado de ti y tienes un mail precioso esperándote.

Esos días empiezas con una energía inmensa que hace que afrontes las cosas de una manera diferente.

Eso me ha pasado hoy. Después de las lluvias de ayer hoy ha salido el sol, el café estaba realmente bueno y un amigo me ha escrito un mail solo para saludarme… Así que he visto este vídeo y en vez de ingidnarme, gritar a los cuatro vientos y maldecir la santa vida de algunos, me he echado a reír… que es más sano y más bonito.

Os dejo el vídeo… espero que os lo toméis como yo… no con resignación (yo eso no sé lo que es), pero sí con humor, que para algo es viernes!

Imagen de previsualización de YouTube
Vídeo de YouTube: “Rajoy: No hablaré de la herencia recibida. [KalidadeT@ani] 2012″

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Pues sí nos estamos jodiendo, sí

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Pese a absolutamente todo lo que hemos leído, visto y oído estos dos últimos días, tras los comentarios que recibí en la última entrada, mi conciencia había quedado bastante tranquila. No estoy sola, no solo yo pienso que esto ha rebasado los límites de la lógica (límites con los que intento guiar mi vida) y pese a todo, hay mucha más gente que, sencilla y llanamente, está cansada de lo que nos dan para desayunar, comer y cenar.

Leí todos los comentarios con interés y en ellos vi que lo que ahora guiaba los pasos y las palabras de la gente es la rabia. Una rabia incontenible por sentirnos estafados, engañados e insultados, siempre por los mismos. Y sí, ahora digo los mismos porque aunque siempre he defendido que para mí los colores eran lo de menos, que lo que realmente me dice cómo es una persona son sus palabras y más importante aún, sus hechos, esta vez sí son ELLOS. Me da igual tras qué pancarta esté, tras qué eslogan. Sin embargo, como ciudadanos relativamente pasivos que somos, hemos aguantado estóicamente mentiras y engaños de los que nos han gobernado hasta ahora (como digo, fueran del color que fueran). Sin embargo, y a los hechos me remito, lo de estos últimos meses ha traspasado los límites más insospechados. Esos límites de los que algún desaforado nos intentó avisar hace algún tiempo y que la mayoría, esperanzados con una mejora, por leve que fuera, no quisimos creer. ¿No querías sopa? Pues espera, ven, siéntate, que te vas a comer 18 tazas.

Para mí ya hemos entrado en un círculo vicioso de alucinaciones. Algo así como levantarte por la mañana, abrir el ordenador y pensar: “A ver con qué burrada me encuentro hoy“. Y efectivamente, nuestros políticos no nos defraudan. Ninguno. Nunca. Hace algún tiempo, cuando ya todos sabíamos que España se iba a freír monas, apareció De Guindos para anunciarnos su particular “ajuste temporal a reembolsar” totalmente beneficioso para nuestro país. Más tarde, Rajoy se pira a gritar a la Selección mientras el trocito de tierra del que es responsable hace más aguas que el Titanic. Hace apenas un par de días, sale la cínica, irrespetuosa y desesperante DesEsperanza Aguirre para decir que “Lo de los mineros no es para tanto“. Y ayer, ya flipando gambas literalmente, nos encontramos con que la hijísima de nuestro amado y tuerto Fabra, nos manda un mensaje alto y claro, para que aprendamos a aceptar lo que nos imponen desde arriba. Ey! Sí señor, eso es talante y no lo de Juan Cuesta. Alucinante.

Lo que no sé es cómo, con la de tazas de sopa que nos están dando, a la fuerza, a la más asquerosa fuerza (la próxima vez que cerremos la boca para no tomar más sopa vendrán los antidisturbios a abrírnosla con la porra) todavía hay gente que se mantiene impasible ante todo. Qué bonita es la ignorancia, la pasividad. Ojalá yo pudiera mantenerme totalmente al margen de lo que me rodea y vivir feliz entre geranios y ovejas, disfrutando la madre naturaleza (que también nos están quitando) y tomando te mientras veo pasar las nubes. De verdad, ojalá. Viviría más tranquila y seguro que hasta no se me caía tanto el pelo!

No sé muy bien cómo se va a solucionar esto, si es que finalmente se soluciona. Ojalá también tuviera esa pequeña respuesta que todo el mundo espera, que todo el mundo parece necesitar. Sé que la llama está encendida y que la yesca está cada vez más seca. Esto tiene pinta de tener poco arreglo pacífico. Y eso me duele en el alma. Me duele porque en mi casa siempre se ha tenido muy presente lo que hundió esa guerra los ánimos, las esperanzas y la supervivencia de este país. Me parece que los ciudadanos españoles sabemos “hacer bien la faena”, pero no llegamos a rematar nunca. El 15M es un ejemplo, y siento a quien le moleste. Me pilló en Roma aquellos días y, sinceramente, no me he sentido nunca tan orgullosa de ser española como aquellos días. Se veían imágenes espectaculares, emocionantes, irrepetibles. Y tras ¿cuánto?, dos o tres meses de lucha pacífica (por nuestra parte) se desvaneció todo tal y como había venido. Una pena que no sepamos cómo gestionar y focalizar la mala leche, el odio, la rabia, la impotencia y el coraje que nos provocan los impresentables que ahora tenemos pisándonos el cuello. Unos impresentables que se han hecho con el poder porque sencillamente se lo hemos dado. Unos impresentables que ahora nos miran desde sus escaños del Congreso, por encima, y nos gritan “Que se jodan” esperando ver cómo nuestros sueños, nuestro futuro y nuestras esperanzas, se van a tomar vientos.

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“Sr. Rajoy, ha vertido Ud. gasolina por las calles de este país”

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Sí, ya sé… Este es el blog de la tía huraña y cabreada que no habla de las cosas fantásticas y maravillosas que tiene la vida sino de cada uno de los latigazos que asumimos pasivos y sumisos. Pero es que hoy es uno de esos días en los que sales a la calle, miras a tu alrededor y te das cuenta de que estamos metidos en una pelota de mierda de la que nadie parece querer salir.

Anoche sentí verdaderas náuseas al ver lo que no se podía ver en ningún sitio. Miles y miles de personas salieron a la calle a apoyar a los únicos trabajadores de este país que han entendido que la comida de sus hijos es infinitamente más importante que su pasividad. Las imágenes que se fueron viendo en Twitter dejaban el alma helada, los pelos de punta y la conciencia revuelta. Qué cojones tan bien puestos, sí señor. Un aplauso. O no, porque no hace falta, porque sé que en el fondo de los corazones y las cabezas de muchísima más gente de lo que lo demuestra está esta misma sensación que siento yo. ¿Por qué los demás no hacemos esto? ¿Qué nos pasa? ¿Estamos dejando que nos hundan, así, tan fácilmente? ¿En serio?

Vergonzoso lo de RTVE, la cadena pública que decidió contar lo bien que le va a Dora la Exploradora en lugar de lo mal que nos va a todos los demás. Lamentable.

Y hoy, nos levantamos y nos encontramos, por sorpresa, al tipo al que miles de personas votaron y que ahora se está limpiando el culo con su voto, diciendo que los pensionistas, los funcionarios y los trabajadores más humildes somos los que tenemos que sacar adelante el país porque hemos sido nosotros los que lo hemos sumido en este agujero sin fondo… ¿De verdad? ¿De verdad hemos sido nosotros los que hemos saqueado los bancos? ¿Los que han especulado con la vivienda? ¿Los que se llevan cada mes a su casa cifras imposibles por dietas y demás suplementos? ¿Los que compramos cuadros absurdos para colgar en las paredes de una institución que ya no significa nada porque, sencillamente, esto dejó de ser una verdadera democracia hace mucho tiempo?

Haría miles de preguntas… millones, pero ¿para qué? Nadie me escucha… Los que lean esta entrada se quedarán pensando en lo amargada y rancia que estoy y se irán a comprar el pan pensando lo bonito que es el día y lo bien que lo pasarán esta tarde en la playa.

Sin embargo, yo me quedo pensando en unas palabras que ha farfullado mi madre mientras vestía a mi abuela… Somos el país con mayor número de políticos… y digo yo (y dice ella), ¿para qué? Hay una mayoría absoluta absurda e irracional que esconde una tiranía europea que nos tiene agarrados por donde se nos afina la voz. Mande quien mande (a mí sinceramente me da igual quién nos diga que tenemos que dejar de comer para pagar las deudas de Bankia, porque lo que me revuelve el estómago es que lo tengamos que hacer) solo se necesita a sí mismo. Si es Merkel, pues que venga cada 15 días, nos diga lo que tenemos que hacer y se pire a su país. Si es Rajoy, que aparezca cada 15 días (que normalmente sería poquísimo para un Presidente del Gobierno, pero que viendo lo visto, es un gran suplicio para él, y ya está bien, no le pidamos más) y  nos diga cuáles son las medidas que debemos adoptar. Pero ¿para qué narices necesitamos a las 300 personas que están detrás de, por ejemplo Rajoy, en el Congreso? ¿Para aplaudirle? ¿Hay alguien en su partido que de verdad alce la voz y diga que lo está haciendo mal? Ya lo dijo mi padre alguna vez… “no hay mayor dictadura que la de un partido político”.

Posiblemente eliminar los miles de puestos superficiales y banales que tenemos actualmente en la clase política (con sus correspondientes coches oficiales, dietas, viajes, primas y un largo etcétera) no resuelva el 100% de los problemas económicos y financieros que tenemos en España. Pero tampoco creo que eliminar la paga extra a los funcionarios, que la esperan como agua de mayo porque el resto de los meses han visto reducido su salario en cifras apabullantes, vaya a solucionar el agujero de nuestras arcas, agujero que ellos mismos se han encargado de hacer, sea la solución, y sin embargo, esperad a diciembre a ver qué hacen.

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